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Vocablos como el topónimo Adirane o el fitónimo tereda han llegado hasta la actualidad convertidos en Aridane y tedera, respectivamente. Ese cambio de lugar de los sonidos en el seno de una palabra es lo que se denomina metátesis, un proceso en el que, aunque sólo sea por casualidad, incurren los hablantes de cualquier idioma. Suele influir en este fenómeno, que a menudo termina por ver la consolidación de esas alteraciones, cierta tendencia que poseen todas las lenguas a potenciar unas dicciones y eludir otras, en alguna ocasión incluso por causas sociolingüísticas.
Para las hablas isleñas, raras veces se dispone de información histórica precisa que permita datar esas modificaciones. Salvo que la inversión quede acreditada también en algún dialecto continental, la prudencia aconseja estimar que la torsión se produce después de la Conquista. En los ejemplos citados más arriba, Abreu Galindo (ca. 1590) menciona Adirane como una forma antigua, lo que lleva a pensar que la mutación Aridane emergió más tarde. En cambio, sólo sabemos de la tereda (terăda) que ya florecía como tedera en 1640.
Pero, de la misma manera, las metátesis registradas en Canarias contribuyen a trazar la diacronía de algunas raíces amazighes. Por ejemplo, una fuente tan temprana como Le Canarien (ca. 1420), que anota el término conservado como nesónimo de Lanzarote, Tyterogaka (ti-tərūɣăy-akk), facilita así una datación muy segura para la versión meridional del adjetivo cromático terûɣe o terôq (‘amarilla, ocre’), con base [R·W·Γ], que los dialectos septentrionales enuncian tawraɣt, sobre un lexema [W·R·Γ]. O bien, aunque la fuente presente una redacción más tardía, puede aludir a sucesos o personajes ubicados en el tiempo con bastante aproximación. Es el caso del adivino gomero Masegue (mazzeg), que vivió hacia 1450. Aunque los testimonios documentales se retrasen hasta finales del siglo siguiente, de nuevo se cuenta con un buen eslabón temporal a la hora de fechar el intercambio [G·Z = Z·G] que conocen sobre todo las modalidades argelinas del Mzab.
Sin embargo, algunas de estas variaciones son intencionadas. Junto a las simples modificaciones fonéticas que practican mujeres y niños para producir un hablar más dulce, las metátesis y hasta la inversión completa de un vocablo es todavía relativamente común entre los guerreros tuaregs que desean comunicarse en secreto.

