Doctor en Filología · Licenciado en Historia
San Martín, 75 - 7º izda.
38001 S/C de Tenerife
Islas Canarias
Entrevista de J. M. Castellano [31.XII.2004]
Versión impresa en: José Manuel Castellano Gil (2006), La cultura a debate. Reflexiones sobre la cultura en Canarias. Tenerife: Idea (La Quinta Columna, 41), pp. 290-306.
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IGNACIO REYES es Licenciado en Historia y Doctor en Filología por la Universidad de La Laguna. Su labor investigadora se ha centrado en dos espacios bien diferentes como es el estudio lingüístico de los primeros pobladores del Archipiélago y la historia contemporánea de Canarias. Pero Ignacio Reyes cuenta, además, con una amplia trayectoria en movimientos sociales y con un sólido compromiso ideológico. Cuando echa la mirada atrás considera que la transición española en Canarias no tuvo una conexión con el presente histórico inmediato y por ello hubo que dar un gran salto en el proceso de participación social, haciendo camino al andar. Pero todo aquello, señala, fue reconducido por las organizaciones políticas y sindicales que institucionalizaron y contribuyeron a apuntalar un régimen que se ha caracterizado por una limitación de las libertades civiles y democráticas y que ahora ha estallado en unas circunstancias sociales nuevas donde se posee una experiencia acumulada y una mayor capacidad de análisis. Y está convencido que se hace necesario volver a cultivar una serie de conocimientos elementales como el asociacionismo.
A pesar de su frustración, en la década de los 80, continúa haciendo política pero reconoce que se ha volcado más en el trabajo científico, ya que con el tiempo ha ido aprendiendo a dar otra dimensión, a lo que antes era solamente un recurso para la acción política, al descubrir la identificación con la gente; que nunca llegó a ser tan estrecha cuando hacia política como ahora que está haciendo ciencia y se siente muy a gusto en ese ámbito en el que trata de imprimir el mayor rigor posible.
La acumulación de fracasos que ha cosechado en la política lo considera como un caudal de experiencia fantástico. Ahora, dice, “sabe casi todas las cosas que no hay que hacer”. Y su principal interés social es servir de puente, desempeñar ese papel de conexión histórica que su generación no tuvo cuando hacia política o cultura y contribuir a que las ideas tengan mayor solidez para poder proyectarlas hacia el futuro. Uno de los aspectos que más le apasiona es conectar con las gentes más joven, sin “evangelizar”, con el propósito de fomentar la independencia de juicio. Pues cree que, en un país como el nuestro tan limitado, tan yugulado por el caciquismo y las clientelas, eso es indispensable, es decir, ganar en pensamiento y en espacios críticos si no esta sociedad tiene difícil salida.
JM CASTELLANO
¿Cuál es el panorama actual de
la cultura en Canarias y específicamente en Tenerife?
También en Canarias, aunque de forma aún muy embrionaria, una porción cada vez
más amplia y diversa de la población empieza a cuestionar las razones y los
modos del poder. Crece algo que está dejando de ser mera resistencia ante la
alienación para dotarse de una dimensión dinámica, creadora. Esta pequeña
corriente que empieza a romper el cautiverio clientelista y se reconoce
colectivamente como sujeto activo de la historia, esa ciudadanía que hoy
abandona la noria y quiere fecundar la soberanía que le pertenece, ha conectado
con el sentido de su tiempo: la emancipación humanizadora. Porque ni el
aparatoso despliegue de fetiches ni el indecente mercadeo de imposturas arman
otra cosa que una hegemonía virtual del caciquismo local. La verdadera amenaza
reside en la expropiación del pensar que patrocina el capital a escala global.
Una acepción del Diccionario de
la Real Academia Española define cultura como el “conjunto de conocimientos que
permite a alguien desarrollar su juicio crítico” ¿La cultura en Canarias fomenta
el juicio crítico?
Una sociedad construida sobre la dependencia, la extraversión y el clientelismo
moviliza básicamente funciones y capacidades predatorias y especulativas. No
precisa siquiera de súbditos cualificados, desposeídos por completo de los
medios materiales e intelectuales necesarios para controlar la reproducción de
sus condiciones de vida. Se inocula así en la población un sentido fatalista de
la existencia que, todo lo más, genera efímeras expresiones de una rebeldía
desvertebrada.
¿Cultura canaria o cultura en
Canarias?
Ante todo, cultura para la transformación. Cuáles sean los recursos que se
vivifiquen, depende siempre de las necesidades del presente. La identidad y la
diferencia frente al otro, ingredientes quizá un tanto circulares aunque
indispensables para definir la subjetividad, sólo se fertilizan a través de una
racionalidad crítica que hoy enfrenta determinaciones similares en todo el
mundo.
¿El mundo cultural canario es
un reflejo de la sociedad civil o una prolongación del poder político?
En alguna medida, es posible que esta disyuntiva no sea tal. La sociedad civil y
el poder político constituyen, hoy más que nunca, dos planos imbricados del
mismo sistema de explotación. Por descontado, la sociedad civil, ese conjunto de
relaciones sociales (materiales e intelectuales) que cruzan los individuos
dentro de una determinada forma histórica del modo de producción capitalista,
genera expresiones diversas, contradictorias y hasta críticas. Pero, sin
embargo, no ha desatado por ahora verdaderas estrategias y bienes culturales
alternativos (o, por lo menos, no en una dimensión significativa). Los tópicos
del culto más o menos folclórico dominan todavía un escenario ociopático,
debidamente provisto de estímulos subvencionados.
¿Existe en Canarias una
corriente intelectual oficialista o institucional?
Sin duda, existe un pensamiento al servicio del poder. Ahora bien, que llegue a
constituir una consciencia teórica parece una presunción excesiva. Todo lo más,
alcanza a ilustrar las estrategias predatorias de la clase dominante y a
proyectar hacia la sociedad cierta quincalla discursiva, sin otro alcance real
que reproducir los modos y cauces de su predominancia social.
¿Se produce cultura
independiente en Canarias?
Se producen manifestaciones culturales independientes del poder, aunque todavía
de forma muy inicial y desarticulada. A medida que la ciudadanía se provee de
razones para cuestionar un ordenamiento social que lesiona y coarta sus derechos
civiles y nacionales, construye el pensamiento y las manifestaciones culturales
que arman y desarrollan nuevas facetas de su personalidad colectiva. Substraerse
a los circuitos y los modos del hacer subsidiado impone, qué duda cabe, otro
tipo de limitaciones. De antemano, cualquier singladura independiente concibe la
consolidación de su desarrollo como un proceso a largo plazo. Porque importa,
ante todo, que la construcción de ese proyecto alternativo cultive también
apoyos solidarios y contribuya, en la medida de lo posible, a generar espacios
críticos en la sociedad.
¿Podemos hablar en Canarias de
la existencia de clientelismo cultural?
El novelista vasco Pío Baroja advirtió en cierta ocasión que «en España no se
paga el trabajo, sino la sumisión». El clientelismo, acaso el rasgo
sociocultural más característico del mundo hispánico, goza en Canarias de un
arraigo casi pandémico. Con todo, seguramente se debe admitir también cierta
complicidad de la víctima.
¿Hay lugar en Canarias para el
disenso, se permite discrepar sin temor a represalias?
En la práctica, no. Por lo general, el poder caciquil ni sabe ni quiere ni
necesita discutir; le basta con el control del mercado laboral y de los
principales medios de comunicación.
¿Por qué no se oyen las voces
críticas o por qué no tienen trascendencia social?
El alcance social de los discursos críticos depende de dos factores principales:
de un lado, su nivel de implicación con la realidad, es decir, de su capacidad
para conectar con necesidades e intereses concretos o relevantes de una parte
significativa de la sociedad; y, además, del grado de autonomía económica que
posea el medio utilizado. También cuentan, cómo no, otros aspectos:
credibilidad, estilo, etc. Ahora bien, primero se ha de producir el acto de
voluntad por el que alguien asume ese compromiso crítico y lo cristaliza en un
mensaje público.
¿La corrupción llega también a
la cultura?
Como en cualquier otro ámbito de la sociedad, también en la producción y gestión
cultural operan los criterios socioeconómicos dominantes. Pero no se trata sólo
de una corrupción dineraria ligada a la mercantilización de la cultura; hay que
hablar de una corrupción vinculada a los contenidos, a la mistificación de la
realidad social e histórica con una finalidad ideológica y política, que no
excluye el lucro, claro está.
¿A su juicio qué necesita el
mundo cultural tinerfeño?
Iniciativas transformadoras, esto es, la movilización de fuerzas culturales
democráticas que generen conocimientos y utillajes simbólicos acerca de una
realidad alternativa.
¿La cultura en Tenerife mueve
dinero? ¿Está bien empleado?
Cientos de millones de pesetas de las cajas de caudales públicos sirven cada año
para financiar clientelas y campañas políticas o ideológicas. Desde las
exposiciones que fabrican el pasado a la medida de ciertos intereses hasta las
publicaciones (periódicas, bibliográficas y audiovisuales) con las que se paga
un servicio o se compran voluntades, pasando por los conciertos callejeros o
playeros que nutren las empresas de los portavoces del régimen, sin olvidar la
adquisición de bienes privados por (y para) alguna autoridad del ramo, cuesta
imaginar que el dinero público movido en este ámbito pueda tener un uso más
aberrante.
¿Existe en Canarias un plan
cultural general o políticas culturales taifas?
Existe un modelo común de dominación a través de la cultura, que despliega
recursos, herramientas y modos operativos similares diseñados y aplicados a lo
largo del tiempo. Otra cosa es la gestión directa, que se ajusta a los diversos
niveles del control caciquil.
¿Existe una industria cultural
en Tenerife?
Existe una trama mercantil, que es todo cuanto está en condiciones de producir
una clase dominante que carece de los conocimientos, la voluntad y la autonomía
política para elaborar criterios que trasciendan el cálculo del coste /
beneficio (el suyo, claro).
¿La cultura canaria es
ombliguista? ¿Hemos pasado de un marcado complejo de inferioridad a un excesivo
orgullo?
Durante cientos de años, la coacción social, el régimen económico y el
analfabetismo funcional han obstaculizado poderosamente un amplio desarrollo de
las energías culturales de la población. Pese a esas condiciones adversas, esta
misma población fue capaz de generar conocimientos productivos en el mundo
agrario o formas de vertebración social independientes de la tradicional tutela
caciquil. El complejo de inferioridad subsiste, aunque a veces disfrace su
natural introspección con ademanes petulantes o expansivos, por cuanto las
causas que le han dado origen no han desparecido.
¿Convive la endogamia y la
antropofagia en la cultura canaria?
En la producción o la circulación de los bienes que convencionalmente se tienen
por culturales, por supuesto que se practica una discriminación sectaria y hasta
se devora a cuantos incautos se deciden a jugar un papel para el que no han sido
cooptados. Pero conviene tener presente que la cultura se desenvuelve y crece en
el ámbito de una construcción social crítica. Esto no sucede en el vacío, sino
en el tejido de esa lucha transformadora, en la dinámica del conflicto social,
que es donde adquiere su valor histórico.
¿Los poderes públicos canarios
tratan a la cultura como un bien de primera necesidad en el progreso social? ¿La
cultura tiene réditos electorales?
En última instancia, conceptos como “utilidad pública”, “interés general”,
“primera necesidad” o “progreso social”, remiten en el breviario doctrinal de la
clase dominante a su bolsillo. Su naturaleza básicamente depredadora no tolera
la autonomía material e intelectual de la ciudadanía, como bien se está
demostrando en las últimas fechas. Cualquiera de las fórmulas de desarrollo que
ha puesto en marcha, o pretende activar, se aparta de las necesidades sociales
más perentorias y sólo contempla el beneficio privado. Por tanto, no entra en su
programa estimular otra cosa que no sea el ocio censante y la alienación,
recursos que, por desgracia, gozan de un amplio apoyo entre la población (que,
no obstante, empieza a dar síntomas de hartazgo).
¿Cómo valora Ud. la oferta
cultural tinerfeña?
Las formas mercantiles de la cultura oscilan, por lo general, entre la
manipulación, la insubstancialidad y la pedantería. Sin embargo, aparecen de vez
en cuando excepciones notables a esta dinámica, ligadas con frecuencia a la
programación de algunas bibliotecas públicas o a la actividad de diversas
entidades privadas. No sin esfuerzo y con un éxito muy desigual, perseveran en
la proyección de ciclos de cine o montajes de teatro no estandarizable, talleres
de escritura o de lectura para niños u otros sectores de población, edición de
publicaciones periódicas, libros, música, etc. que ofrecen otro enfoque acerca
de la realidad…
¿Nos encontramos con una oferta
cultural superior a la demanda, a pesar de que la demanda esté estancada pese al
crecimiento de universitarios y personas con mejor formación básica?
En mi opinión, están surgiendo muchos colectivos sociales que se están
deteniendo a mirar, pensar y actuar sobre su entorno inmediato, revitalizando
así una cultura popular y cívica que se había vuelto muy conservadora y que, por
toda respuesta a la expropiación material e intelectual que introdujo la
terciarización económica de Canarias, se había replegado sobre sus fetiches.
¿La oferta cultura actual
cumple una función de integración social?
La oferta mercantil, institucionalizada o privada, presenta una dimensión más
uniformizadora. En cambio, la construcción alternativa (popular, cívica y, en
algún caso más bien exótico, también realizada desde alguna institución pública)
sí empieza a operar como factor de socialización crítica.
¿Ud. cree que hay razones
profundas para “el malestar de la cultura” en Canarias?
Hay razones para el malestar social, también en el ámbito de la cultura (aunque
quizá ése debería ser su estado natural). Una sociedad donde, por ejemplo, se
degrada la sanidad o la educación públicas, para potenciar así los negocios
privados del sector correspondiente, no puede esperar que la cultura (en su
acepción institucional o en su urdimbre social) quede indemne. Ahora bien, a
veces parece que se demanda solamente cierta liberalización del tráfico de
bienes culturales y del mercado laboral que le está asociado. Por supuesto,
cuestionar la arbitrariedad y la exclusión con la que se maneja el poder en el
ámbito de la cultura contribuye a poner en evidencia ante la sociedad su
naturaleza sectaria, pero es preciso no olvidar que la crítica debe alimentar
siempre una profunda transformación democrática.
¿Desde su perspectiva considera
que Tenerife es una sociedad culta?
Para sorpresa de muchos, la ciudadanía de la Isla empieza a mostrar signos de
rearme intelectual y axiológico. Por descontado, arrastramos un déficit muy
notorio de instrucción básica, que el modelo económico vigente no ayuda
precisamente a corregir. Muy al contrario, potencia una formación segmentaria y
estrechamente finalista. Con todo, aparecen continuamente fenómenos y procesos
de descontaminación crítica, aunque todavía con signos muy precarios. Queda
mucho para reducir de forma efectiva el analfabetismo funcional, entre otras
cosa porque se trata de un problema que requiere una vigorosa acción política.
¿Existen Tribus culturales en
Tenerife?
Más que grupos sociales que comparten usos y costumbres, creo que existen
cofradías o congregaciones organizadas para un fin determinado, que generalmente
concluye en la preservación de sus intereses sectarios.
¿Existe una utilización
política de la cultura como signo partidista de identidad?
Dudo que en los partidos políticos actuales se reúnan las neuronas necesarias
para diseñar la estrategia que se presupone en esta pregunta. Otra cosa es que
una fracción de la clase dominante, aquella que exhibe cierto subnacionalismo
como mercancía electoral, movilice hoy el tipismo folclórico que armó durante la
introspección regionalista patrocinada por la dictadura franquista.
Según un reconocido analista
cultural: “el mejor indicador del estado cultural de un país es preguntarse de
qué hablan sus protagonistas” ¿De qué hablan los tinerfeños?
Por supuesto, llegar a verbalizar el pensamiento más o menos intuitivo acerca de
la realidad constituye un paso muy importante en sociedades tan poco ventiladas
como la nuestra. Pero no creo que baste ese dato para obtener una imagen
suficiente del ‘estado cultural’. Sólo cuando la voz se convierte en práctica
social podemos recoger una impresión integral. Y, en este sentido, lo
espectacular y aparente del carnaval o el deporte, por ejemplo, ocupan un lugar
destacado, pero también se trata de escenarios donde la gente percibe y expresa
razonamientos sobre la dinámica social. Sin ceder a la tentación de un optimismo
para el que no tenemos motivos todavía, sí comienzan a despuntar reflexiones y
valores críticos en ámbitos hasta ahora bastante aletargados.
¿La Cultura en Canarias está en
crisis?
Ojalá fuera así, al menos en la acepción griega del concepto crisis, esto es,
como “separación”, “disentimiento” o “desenlace” de un proceso. Pero, me temo
que cuanto se tambalea en este momento es la eficacia de las formas de
dominación cultural, aunque mayormente por la pobreza de sus recursos.
¿Cuáles son a su juicio los
indicadores del dinamismo cultural en Tenerife hoy en día?
El más importante reside en la tímida regeneración del tejido asociativo que se
opone a la devastación ambiental y la degradación social, profundizando en
respuestas de indudable calado cívico y democrático. Sin duda, está sirviendo de
aglutinante y orientación para una vívida y amplia constelación de grupos muy
diversos que ni tienen ni desean engarce alguno en las formas dominantes de
expresión cultural.
¿A pesar del importante
crecimiento inmigratorio en el Archipiélago, todavía estamos lejos de plantear
el gran debate entre integración cultural y multiculturalidad en Canarias?
He ahí uno de los asuntos más serios que debe afrontar nuestra sociedad,
desarmada intelectual y políticamente para trazar y ejecutar una solución
viable. La tradicional desvertebración social, la dependencia económica del
exterior y la viciada constitución política conforman una línea estructural de
vulnerabilidad que condiciona cualquier respuesta. Se trata de un problema para
el que sólo caben alternativas desde la definición de un nuevo modelo de
organización social y política de Canarias.
¿En Tenerife se invierte más en
infraestructuras que en acciones culturales?
Si las infraestructuras que están previstas o en ejecución fueran necesarias
para el desarrollo socioeconómico insular, no creo que nadie se atreviera a
discutir su prioridad. Con todo, pienso que la inversión cultural no sólo es
escasa, sino que debería seguir una política diferente. El dinero público
estaría mejor empleado si contribuyera a facilitar la movilización cultural de
la ciudadanía y no a cautivar sus manifestaciones a través de subvenciones o a
promocionar su adocenamiento.
¿La existencia de más de una
veintena de editoriales en el Archipiélago, además de los servicios de
publicaciones de las distintas instituciones canarias, es un signo de dinamismo
cultural? ¿El mercado canario es capaz de absorber esa oferta?
La tradicional desagregación social y la ausencia de un mercado nacional o
integrado en Canarias están en la base de esa abundante dispersión. Peor sería,
desde luego, que no existiera nada; la situación actual demuestra, por lo menos,
la inquietud que bulle en nuestra sociedad. No obstante, resulta evidente que la
oferta, la necesidad de comunicar, supera con creces a la demanda, al interés
por ampliar conocimientos.
¿Hay que salir de Canarias
porque la isla ahoga? ¿La realidad insular condiciona al creador?
Ante todo, hay que salir de Canarias como principio elemental de salubridad, de
oxigenación mental. Pero no es la realidad geográfica la que determina, sino la
claustrofóbica y empobrecedora autarquía social, moral e intelectual que domina
el ambiente vital, en general, y creativo, en particular.
¿Desde el punto de vista
cultural, Canarias dispone de un mercado cultural único o fragmentado? ¿Hay un
conocimiento de la realidad cultural entre las islas?
Canarias es una sociedad desarticulada, lastrada además por una dependencia
exterior estructural. Sus manifestaciones sociales, económicas y culturales
propias, no las que simplemente reflejan la hegemonía exterior, se producen y
expanden por lo general en un ámbito más local o insular. Precisamente, uno de
los retos principales de la cultura transformadora que comienza a nacer estriba
en dotarse de una dimensión nacional, pues todas las islas del Archipiélago
están sujetas al mismo sistema de explotación.
Ud. ha realizado diversas
investigaciones lingüística sobre los primeros pobladores del Archipiélago
¿Estos estudios cuentan con tradición en Canarias?
El origen del enfoque científico en los estudios lingüísticos acerca de la
lengua de los primeros pobladores de Canarias se sitúa en el siglo XVIII. Fue
George Glas el primero que organizó una visión del problema, que encaja con los
postulados enunciados ya por los primeros cronistas: la conexión norteafricana.
Desde ese momento puede decirse que empiezan a introducirse elementos
comparativos mucho más sólidos, aunque sólo en el ámbito formal, pues en el
siglo XVIII no se tenía oportunidad de realizar contrastaciones orales y,
además, se disponía de muy poca información continental y de una escasa
bibliografía científica. Posteriormente, otros autores, siempre extranjeros,
centraron su atención en este tema, desde Sabino Berthelot hasta Dominik Wölfel.
Y este último fue el primero en elaborar un modelo sistemático de análisis. En
cuanto a los estudiosos canarios, podemos destacar a Juan Álvarez Delgado,
aunque su aportación es más interesante en el plano historiográfico que en el
lingüístico.
¿Sin embargo en la actualidad
hay una escasa preocupación por estos estudios lingüísticos?
La causa principal es la misma que afecta en general a las investigaciones
sociales en Canarias desde hace mucho tiempo, lo que pasa es que en la lengua,
como se trata de un elemento diacrítico muy fuerte, se acusa más. Aunque creo
que ha habido una constante histórica muy nítida: intentar expropiar
conocimientos y medios de análisis, reflexión y comunicación que pudieran
vertebrar un pensamiento opositor y crítico en Canarias.
¿Es importante el corpus
lingüístico indígena que ha llegado hasta nosotros?
Probablemente, son varios miles de palabras si introducimos los nombres de
lugar. Si excluimos esos topónimos y los nombres propios de persona nos queda un
material muy escaso. Pero ése no es todo el problema, ya que buena parte de ese
material no tiene traducción en las fuentes. El asunto es muy complicado a la
hora de poder hacer una descripción y un análisis suficientemente certero desde
del punto de vista lingüístico. Yo no trabajo con artículos de fe, para mí esto
es un objeto de investigación que merece muchísimo respeto porque forma parte de
la identidad de un pueblo, pero la investigación científica tiene unos límites.
Ahora han mejorado mucho las cosas, porque en los últimos cien años se ha
producido un material lexicográfico importante en el Continente, pero todavía
hay muchos déficit: no tenemos estudios de fonética experimental, son
insuficientes los estudios dialectales y casi inexistentes los estudios
diacrónicos. Ante este panorama, obligado a establecer comparaciones con un
elemento tan diverso como el amazighe continental, configurado sobre una
diversidad dialectal fantástica, cualquier proceso de investigación es
necesariamente lento, muy prolijo y complejo, lleno de cautelas. Y todo para
obtener un margen de certidumbre mínimo.
¿Entre esa variedad dialectal
existe un nexo común?
La lengua es la misma. Hasta donde he podido alcanzar con mis investigaciones,
en Canarias se produce un proceso que he denominado de doble dialectización. Al
Archipiélago llegan, dependiendo de la isla, al menos dos o incluso tres
influencias dialectales diferentes de esa lengua. Claro, esa combinación
insularizada y separada de su foco continental durante aproximadamente unos
1.500 o 2.000 años tiene necesariamente que generar también otra dialectización.
Esos dialectos que recibimos poseen una entidad estructural porque la lengua es
la misma, pero esa convivencia distintiva produce luego variedades típicamente
insulares. No obstante, todas las hablas o manifestaciones dialectales canarias
presentan una filiación amazighe.
¿Cuál es su valoración sobre la
piedra Zanata?
Un objeto descontextualizado, o por lo menos con un contexto arqueológico
dudoso, es prácticamente inútil para la ciencia. No creo que existan elementos
suficientes para tomar siquiera en consideración ese material.
¿Cómo se explica su pasión por
el mundo lingüístico nativo con su interés por un periodo tan reciente como la
etapa republicana y la Guerra Civil en Canarias?
La explicación es muy sencilla. Mi preocupación inicial se centró en el
movimiento obrero. Primero que nada y por encima de todo –eso también lo tengo
que decir– yo soy comunista, y eso fue lo que me formó como ser humano. En esa
inquietud descubrí que había muchas cosas que le molestaban al poder, a la
Dictadura, y entre ellas le molestaba la pervivencia del mundo antiguo.
Ud. ha publicado varios libros
sobre ese periodo ¿Cómo ve el estado actual de las investigaciones sobre la
etapa republicana y Guerra Civil en Canarias?
Se están haciendo algunas cosas interesantes. Pero, en fin, me parece que ya va
siendo hora de dejar de contar muertos y desaparecidos, a lo que estamos
obligados incluso moralmente, y empezar a hacer análisis un poco más críticos.
Recientemente Leopoldo
O’Shanahan ha manifestado que todavía hoy en Canarias se sigue tergiversando los
sucesos de la Guerra Civil y que se manipula tanto los hechos y las figuras como
puede ser el caso de Óscar Domínguez o Pérez Minik ¿Cuál es su opinión?
Creo que hay dos cosas interesantes. Primero, es “normal” que la lectura del
pasado se haga siempre desde los intereses del presente y siempre desde los
intereses dominantes. Y, en segundo lugar, en efecto hay tergiversación, pero
creo que hay más ocultamiento. En la actualidad, la historia ya no cumple la
función de legitimación de un régimen, no es una necesidad para la clase
dominante y su estrategia de validación social. En consecuencia, me parece que
hay un intento cada vez más evidente de liquidar la historia como disciplina
científica. Y por todo recambio se nos ofrece propaganda. Eso me parece que es
una característica del capitalismo actual. Creo que tenemos que empezar a
pronunciarnos de una forma cada vez más contundente a este respecto.
¿Y en este sentido cuál es su
valoración sobre el papel de los intelectuales en la actualidad?
Esto es una de las desgracias que tiene Canarias, porque hay muy pocos pasos
hacia delante; hay muy poca toma de posición, sobre todo por personas del mundo
académico.
¿Cómo se puede explicar ese
vacío, esa pasividad?
Creo que ésta es una sociedad que persigue la crítica, no tolera la crítica, el
disenso, pero tampoco construye un discurso alternativo. Claro que en un país
como éste, donde todo es tan autárquico –por ser medianamente generoso–, la
situación tiene una difícil salida. Pienso que falta compromiso.
¿Cómo ve Ud. en estos momentos
la situación política canaria?
En mi opinión es crítica, catastrófica. No hemos atravesado nunca, salvo los
momentos históricamente graves, como el golpe de Estado de 1936, una situación
tan, tan difícil. Y, además, tenemos la dirección política más inepta de todos
los tiempos y, si miras al resto de las opciones políticas que pueden tener
alguna posibilidad de participar en el gobierno, te espanta casi en la misma
proporción.
¿Ud. cree que la democracia hoy
en día está en peligro?
En mi opinión no existe democracia. Existen formas democráticas, espacios de
actuación democrática, y esos son los que están en estos momentos en libertad
vigilada, como mínimo. Y me parece que también hay ámbitos que están
secuestrados sin ninguna duda. La situación es muy grave. Y ante los problemas
tan serios que están acaeciendo, ves cómo la prensa y los partidos políticos no
hacen el menor movimiento de renovación ni de cuestionamiento... La solución de
los problemas objetivos, determinantes, que atraviesa Canarias pasa por una
profundización democrática en muchas esferas de la sociedad.
Entonces, ¿Ud. no cree en una
regeneración del sistema a través de los partidos políticos establecidos?
En absoluto. En todo caso, en una involución.
¿Que valoración hace Ud. de las
últimas manifestaciones sociales en Tenerife?
A mí sí me parece que cabe una mínima esperanza con este proceso de critica que
se empieza a construir en algunos sectores de forma muy horizontal, muy abierta,
muy democrática, que todavía tiene que crecer pero que empieza a configurar una
percepción distinta del proceso y a intentar participar de una manera
constructiva y crítica.
¿Es probable que el problema de
la política desarrollista haya sido la gota que ha colmado el vaso lleno de agua
de ese cansancio social ante un sistema de engaño y especulación política y
empresarial?
Hay un sistema orientado a la depredación, al parasitismo social, que es lo que
ha desplegado la clase dominante en Canarias desde hace cientos de años y, de
una forma más acusada, en este momento, porque tienen muchos más medios, no
mucha más capacidad intelectual pero si muchos más medios y, sobre todo, porque
han acelerado la maquinaria de ese proceso devastador. Claro que cualquier
persona preocupada por el bienestar presente y futuro se ve impelida a
reaccionar.
¿Cuál es su opinión sobre el
puerto de Granadilla?
Creo que la respuesta que ha construido la Asamblea por Tenerife resulta
meridianamente clara: desde ningún punto de vista es necesaria la construcción
de un puerto en Granadilla.
¿Cuál es su valoración sobre el
papel jugado por los medios de comunicación en Tenerife en estos últimos
tiempos?
Si antes decíamos que el comportamiento de los partidos políticos es
despreciable, el de los medios de comunicación –como mínimo– no lo es menos.
Sabíamos que la prensa en Canarias es simplemente un vocero de ciertos
intereses, pero lo que dudábamos era el alcance de las actuaciones
manipuladores. Eso nos ha sorprendido a todos e, incluso, a los que teníamos
motivos para no esperar ningún gesto.
¿Que valoración hace sobre esos
ataques que se han dirigido contra el catedrático Aguilera Klink por algún medio
de comunicación y por el propio presidente del Cabildo de Tenerife, Ricardo
Melchior, que lo llamó ‘payaso’?
A mí me parece que todo ese asunto es simplemente inconcebible en un país
medianamente civilizado. Creo que cualquier persona tiene derecho a pronunciar
los criterios y planteamientos que considere oportunos, siempre dentro de unos
márgenes de respeto y legalidad. Hasta donde yo sé, el profesor Aguilera no ha
traspasado en ningún momento esa frontera. La respuesta mediática y la respuesta
institucional resultan incomprensibles en una mente equilibrada.
Y para finalizar ¿Qué tres
obras nos recomendaría?
Como herramienta básica para el rearme de un pensar crítico, sin duda la obra
del profesor Ciro Mesa, Emancipación frustrada. Sobre el concepto de historia
en Marx, de reciente aparición. Ya en el ámbito de la historia de Canarias,
el excelente análisis que nos brinda el arqueólogo Jorge Onrubia Pintado acerca
de La Isla de los Guanartemes. Territorio, sociedad y poder en la Gran
Canaria indígena (siglos XIV-XV). Y en el dominio de la filología, el
magnífico Diccionario Histórico del Español de Canarias, de los
investigadores Cristóbal Corrales y Dolores Corbella.
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